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El café

Por todos, o prácticamente por todos, es conocida ya la leyenda del pastor Kaldi, el “descubridor” del café. Él fue el encargado de mostrar a los monjes de Chehodet, las reacciones de las cabras cuando comían unas bayas rojas que había encontrado en unos arbustos de la montaña y como se había sentido después de haber comido él mismo las hojas de esa planta. El Abad del monasterio decidió cocinar las ramas y las cerezas. El resultado fue una bebida muy amarga que él tiró de inmediato al fuego. Cuando las cerezas cayeron en las brasas empezaron a asarse y los granos verdes que tenían en su interior produjeron un delicioso aroma. Así nacía el café que, con el tiempo, se convertiría en una bebida de consumo popular.

Durante toda la historia del café, el hombre ha investigado y mejorado los métodos de tueste, reconociéndose desde antaño esta operación como un proceso vital para complacer a los consumidores de la bebida, la más consumida en el mundo, tras el agua.

Ayer, ahora y siempre En la ciudad y en la montaña Sin café no hay mañana